
El " boom“ sojero está devorando nuestros bosques
...Datos propios del gobierno nacional revelan que en algunos sitios de Salta la tasa anual de desmonte triplica la media mundial. La principal causa de esta pérdida de diversidad biológica radica en los desmontes, práctiva hoy utilizada principalmente para disponer de grandes extensiones para el cultivo de soja transgénica.
La aplicación de soja transgénica, por su facilidad en el control de las malezas, se convirtió rápidamente en una fiebre, en un "boom“. El avance de este cultivo orientado al mercado internacional impulsó la expansión de la frontera sojera, destinando a la producción tierras que no eran de uso agrícola, deforestando bosques y selvas nativos, como las yungas salteñas o el monte santiagueño.
El avance de la frontera agrícola está destruyendo no sólo lo que nos queda de nuestros bosques (un 30% de la supercifie original), sino que nos priva de los beneficios de estos ecosistemas: proteccipón climática, retención de aguas para evitar inundaciones y la degradación del suelo. Oportunidades económicas ciertas de desarrollo sustentable que se pierden para siempre.
Esta incorporación de nuevas tierras para la agroexportación también se hace muchas veces a través de la expulsión de las familias capesinas y las comunidades de los pueblos originarios (ocupantes ancestrales de esos espacios) que trabajan y ocupan legítimamente esas tierras.
Esta expansión se da principalmente de la mano de la soja transgénica: en nuestro país casi el 100% de los cultivos de soja es transgénico, con tolerancia al herbicida glifosato que produce Monsanto, la misma multinacional que tiene el derecho de propiedad sobre la semilla.
La semilla patentada por Monsanto, más los insumos necesarios que también provee esta empresa, conforman lo que se llama “paquete tecnológico“ que aumenta la dependencia de los agricultores con trespecto de estas compañías.
Este costo, tanto ambiental como económico y social, fué analizado de forma incompleta por la Secretaría de Agricultura, organismo responsable por la liberación de los transgénicos al mercado local: sus funcionarios aprueban aquellos transgénicos que pasen las pruebas de laboratorio e invernáculo.
Pero nunca toman en cuenta lo que sucede en realidad en nuestro campo.
Es sumamente fuerte el consenso científico que existe respecto de la necesidad de aplicar una moratoria a los desmontes. Los bosques nativos más diversos del país son al mismo tiempo los más amenazdos: el yaguareté, el tapir, decenas de especies de mamíferos, cientos de especies de aves y las maderas más nobles provienen de los bosques del norte de nuestro país.(...) La frontera agrícola no puede ni necesita seguir expandiéndose indefinidamente y el uso productivo de los bosques puede y debe realizarse exitosamente con un manejo racional de nuestros ecosistemas.
Transgénicos: mentiras y promesas incumplidas:
La industria de los transgénicos prometió que la soja RR sería un arma efectiva contra el hambre, pero lo cierto es que hoy la mayor parte de la cosecha se destina para aceites y harina de soja que sirven para la alimentación animal, y se concentra en mercados donde la prioridad es la baja de costos de insumos y no la auto-producción de alimentos sanos.
Su principal falacia era el argumento de que era necesario producir transgénicos porque no habría suficiente alimento para dar de comer a la creciente población mundial, tesis que ha sido muy cuestionada por expertos en agricultura y alimentación, que señalan que el principal problema del hambre en el mundo está dado en la equidad en la distribución y el acceso a la comida. Hoy hay más hectáreas cultivadas con organismos transgénicos y la triste realidad del hambre en el mundo ha empeorado en los últimos años.
La industria también dijo que se utilizarían menos agroquímicos. Pero descubrimos que el herbicida estrella de la soja, el glifosato (su nombre comercial es Round Up), incrementó varias veces su volumen de aplicación. Y ante la aparición de malezas tolerantes al glifosato, ahora se lo combina con 2-4 D, un herbicida aún más tóxico. Greenpeace comprobó estas situaciones en lugares tan distantes como Pergamino (provincia de Buenos Aires) o Campichuelo (Salta).
Otra mentira desenmascarada por la realidad: la "fiebre de la soja" no frenó el desempleo. Estudios y estadísticas confirman que este paquete tecnológico sirvió por el contrario para despoblar al campo.
Juntos con los casos de desmonte (...) también crecen las denuncias de campesinos, pobladores y puesteros de diversos puntos del norte argentino indicando casos de intoxicación y pérdida de producción en cultivos familiares de autosustento debido a las masivas pulverizaciones aéreas y terrestres de los grandes cultivos de soja transgénica en sus alrededores.
New Scientist: "Cosecha amarga"
La reciente reciente difusión de un informe de la prestigiosa publicación "New Scientist“, sobre el "boom" de la soja en la Argentina, levantó una gran polémica en nuestro país. "Este país se enfrenta a un grave problema agronómico y no tiene ni los recursos ni la experiencia para superarlo (...) El país adoptó la tecnología transgénica más rápida y radicalmente que ningún otro país en el mundo. No ha tomado las medidas necesarias para manejar la resistencia de las malezas ni para proteger la fertilidad del suelo“, dice la revista.
La publicación también se anima a decir una realidad que muy pocos pronuncian en voz alta: "la Argentina era uno de los mayores productores de alimentos del mundo (...) La economía de la soja ha cambiado esto. Cerca de 150.000 pequeños agricultores han dejado el campo“. Y finaliza tajante: "Cuando este commodity se produce en un sistema de monocultivo, con el uso de una tecnología nueva y relativamente inexperimentada provista por compañías multinacionales, la vulnerabilidad del país es total“.
Ezcurra, Emiliano. GREENPEACE EN ACCION. 'El "boom“ sojero está devorando nuestros bosques'. Otoño 2004. N° 39. pp 4-7.
El fin de
una selva
La selva de Yungas, ubicada en las provincias de Salta y Jujuy, está en serio riesgo debido a la actividad forestal del hombre.
Greenpeace ha investigado las solicitudes de desmonte presentadas en las Secretarías de Medio Ambiente de ambas provincias y de su análisis se concluye que de aprobarse estos pedidos, la Selva Pedemontana, sector que que concentra el 30 % de la biodiversidad vegetal de las Yungas, desaparecerá por completo antes del fin de esta década.
Esta situación de peligro de la Selva Pedemontana, se debe a que su primer piso es muy apto para la explotación agrícola, de ahí que su proceso de transformación y explotación sea tan acentuado.
Greenpeace exige enérgicamente a las provincias de Salta y Jujuy, que adopten un manejo forestal responsable de esta Selva, única por su biodiversidad. El fundamento de esta propuesta es el cese de los desmontes y la opción por la tala racionalmente implementada porque así se mantiene la estructura del bosque, sus servicios ambientales y se generan empleos estables y mayor valor agregado.
Si bien tala y desmonte suelen confundirse, son dos cosas muy distintas.
La tala es la extracción maderera que se realiza sobre un bosque, determinando los ejemplares a cortar sobre la base del interés comercial (tipo de madera y tamaño) y de algunas normas o criterios: diámetros mínimos, pendientes, etc.
Si bien la tala es irracional o ilegal en gran parte del país, esta práctica preserva el "pool genético" de las especies taladas (semillas y retoños). Es decir que, si la tala está planficada adecuadamente, el área forestal puede ser explotada comercialmente y al mismo tiempo está garantizada su supervivencia. Por otro lado, si la tala se realiza de acuerdo con criterios ambientalmente sustentables, la madera talada recibe un sello de calidad ambiental y social denomidano FSC (Forest Stewardship Council - Consejo Mundial de "cuidado" de los Bosques). Greenpeace apoya estos criterios y existen hoy muchos bosques en el mundo bajo manejo con FSC.
El desmonte es la desaparición total de la cobertura vegetal de un bosque o territorio, usualmente para convertirlo en zona de monocultivo (en nuestro caso: soja o caña). Las provincias autorizan estas intervenciones constantemente y, al igual que con las talas, en la mayoría de los casos ni siquiera las fiscalizan.
En efecto, muchos desmontes son lisa y llanamente ilegales, mientras que otros ni siquiera respetan la normativa provincial en vigencia. Con todo, aunque los desmontes sean legales y se ajusten a las normas, su impacto es irreversible, ya que destruyen el ambiente y eliminan por completo la biodiversidad.
¿Beneficia el desmonte a la gente del lugar?
A pesar de su enorme e irreversible impacto sobre la biodiversidad, siempre queda la cuestión pendiente de explotación comercial de los bosques y como consecuencia, los puestos de trabajo y el desarrollo que generan este tipo de actividades.
Si bien nadie se ha puesto a estudiar con detenimiento el impacto social de esta actividad, existen muestras claras de que éste tiene impactos muy negativos. Por un lado, se trata de una actividad temporaria y, como luego en la tierra desmontada se explotan monocultivos que requieren escasa mano de obra (en este sentido, la utilización de transgénicos reduce aún más los puestos de trabajo necesarios), la generación de empleo es muy baja.
Por otro lado, en general la gente que realiza los desmontes no cuenta con ningún tipo de protección. Asimismo, la forma de vida en los campamentos de desmontadores y las condiciones de trabajo son paupérrimas lo cual acarrea serias consecuencias sanitarias, como por ejemplo, los brotes de una enfermedad llamada Leishmaniosis (*).
Greenpeace propone una moratoria urgente a los desmontes en la Selva Pedemontana de las Yungas, porque afectan a la gente y al bosque, dejan una herencia de tierra esteril y extincion de la biodiversidad y traen como resultado la pérdida de oportunidades para generar actividades de desarrollo sustentable real.
(*)
La Leishmaniosis
Comunmente llamada leishmaniasis, esta parasitosis es transmitida por un mosquito hematófago que es el vector (vehículo) de un parásito que provoca severas lesiones mucocutáneas.
Según el Dr. Néstor Taranto, jefe del Instituto de Investigaciones de Enfermedades Tropicales de la Universidad Nacional de Salta, esta zoonosis es consecuencia directa del desmonte de 9.000 hectárias de bosque en la localidad de Campichuelo. Se ha producido un brote en la localidad de Orán, con 4.000 casos registrados de la enfermedad y otras localidades cercanas como Pichanal y Embarcación, también están registrando el brote.
Por todo lo expuesto vale preguntarse: ¿es rentable el desmonte? y ¿para quién?
El costo del tratamiento de la enfermedad asciende a los 1.500 pesos por paciente, que cubre totalmente el Estado. He aquí un ejemplo claro y cuantificable de que las actividades que muchas veces se promueven como rentables y generadoras de progreso y en virtud de las cuales se postula que es admisible un impacto ambiental severo e irreversible, no solo no generan ni el progreso ni el empleo esperado, sino que además acarrean costos humillantes y dolorosos en la salud de las personas a la cual dicen beneficiar.
Ezcurra, Emiliano. GREENPEACE EN ACCIÓN. "El fin de una selva". Otoño 2003. Nº 36. República Argentina. pp. 14 - 15.